domingo, 3 de marzo de 2013

Silencio


Silencio, incienso,
cemento.

Mariposas, diagonales,
cordones.

Silencio.

Si el silencio existiera
olería a incienso.

Cemento.

Si las mariposas
fueran geometría
serían diagonales.

Cordones.

Camino de tierra seca,
nata, rueda quemada,
canela, pelusa,
trombón de varas.

Cemento, cordones,
si los olores sonaran
existiría el silencio.

lunes, 4 de febrero de 2013

Limbo de la ausencia


I

Y tus ojos se fueron
por el camino de tierra y flores muertas.

Y tus ojos se fueron
y yo me quedé en la soledad
                de aquel
que no es vigilado por nadie.

II

Eres una cáscara vacía,
un despojo de matojos rotos,
la leve luz crepuscular
que pretende atravesar un submarino.

Estás solo
flotando en una bañera de mierda,
sobre ti
un radiocasete coquetea con el abismo
mientras tararea melodías absurdas.

¡Despierta!

Líjate esa cara de imbécil,
sal a la calle grita.
Pero antes
limpia de sangre el espejo,
que pueda oírte.

III

Llevo cuarenta y cinco manzanas mirando al infinito,
y no me he comido el minuto.

Creo que estoy babeando por dentro,
o llorando o babeando lágrimas
o pudriéndome.

Una espiral. Pienso en eso.

Me pierdo,
me pierdo muchísimo en cada molécula.
Materia, aire, aporte proteico, calefacción.
¿Qué falta?

Me pierdo en la infinita curva paralela.
¿Dónde cojones se ha metido el infinito?

Recuerdo un mechón de pelo negro,
rizado como por azar,
entre mis dedos.
¿O fue después de esto?
No, estaba aquí ahora mismo. ¿Dónde está?

¡Ese olor! Su cuello inmenso humedeciendo mis labios,
calor. ¿Qué es eso? Una espiral. ¡Sus ojos!
Que alguien me alcance el infinito. ¿Qué fui?

Lo tangible, las llaves de casa,
el amor, lo intangible. ¿El amor?
Me falta. Ahora recuerdo. Sus manos. Su boca.
Me falta su timbre de voz. Pienso en eso.

Me pierdo,
me pierdo muchísimo en el espacio-tiempo.
¿Dónde está?


sábado, 26 de enero de 2013

Y las horas pasando


Macedonia de tornillos y clavos oxidados
con leche condensada,
y un vasito de zumo de fregona natural
            exprimida a mano,
para desayunar.

Y las horas pasando como por joder,
mientras miramos las paredes intentando descifrar
de qué manera hemos llegado
a convertirnos en una rata más,
de las que odiábamos cuando éramos niños.

Y las horas pasando.
Y nada nos llena
porque hace tiempo que la avaricia perforó nuestro saco
y ahora pretende trepanarnos el cráneo.

¿Por qué una hora era más larga cuando éramos niños?

Y las horas pasando como putas,
mientras nos hacemos cuestiones intrascendentes
que consiguen llenarnos de lágrimas
            las solapas de los ojos,
y nos sentimos pequeños,
y quisiéramos acurrucarnos en los brazos de una madre,
pero las horas siguen pasando como locomotoras
y ya no tenemos madre,
tenemos un espejo que refleja a quien ha de defendernos,
y tiene miedo.

viernes, 25 de enero de 2013

Toca madera


Caracolas de titanio
con olas de aluminio
que se esconden en las cuevas de algodón
de las playas de plastilina de la apariencia,
y toca madera

Sopla esa flauta de hueso de aceituna,
chupa la pulpa de las maduras piedras
que dan los huertos adornados de amor
y toca madera.

Acuéstate
congelado,
y calienta la cama
y cuando más a gusto estés despierta
y haz la cama para deshacerla en la siesta,
si es que tienes veinte minutos para gastar
toca madera.

¿Tienes cinco céntimos en la hucha?
Cómprate un chicle,
no mastiques la moneda
y toca madera,
¿tienes cincuenta mil euros en el banco?
No te compres una casa,
para currar como una puta
y comer basura durante tres años,
sigue viviendo en tu chabola,
come basura como has hecho siempre
y tócate la entrepierna lo que te queda de vida.
Y piensa,
y toca madera para que no te roben el cerebro,
y cómprate una cocina de Fisher Price,
y toca madera
en sentido figurado.

domingo, 29 de julio de 2012

Reanimación


Cabalgando con el viento a favor
me cuelgo de los pelos de mis sueños.
Enamorándome de las caricias
de mis sábanas solitarias,
vaciándome con los besos empapados de vino.
Olvidando que aún tengo espinas
clavadas en el culo,
salgo deslizándome por la puerta grande.

Cabalgando sobre un congelador de titanio,
hacia la costa de un mar bohemio,
para dejarme arrastrar por sus mareas.
Mordiéndome las manos
para no darle un tortazo
a la ignorancia disfrazada con ropa de marca.

Cabalgando sobre mi sombra,
apoyándome en mí,
confiando en mis dados de doce lados.
Me ducho cada minuto
con el ácido sulfúrico de la paciencia,
para no encomendarme a la ciencia barata
de un vaso de agua.
Si he de ahogarme,
que sea en una botella medio llena.

miércoles, 25 de julio de 2012

A la deriva


Entretanto tendemos tenedores
sobre el globo terráqueo,
y un viento huracanado los agita.

Me cuesta describir a la raza humana
            como elemento universal,
pero diría que somos todos grumetes desconocidos
de un barco a la deriva
y nos dedicamos a fregar el suelo
y rasgar las velas.

Mientras unos se pelean a cuchillo en la cubierta
otros miran mientras llevan a cabo funciones digito-nasales.
Abajo los esclavos siguen remando un barco que no es suyo,
a ritmo de tambor de multinacionales,
y los remos que empuñan son de madera maciza.
Desde arriba un científico chiflado con un catalejo
no avista más tierra que la isla de la muerte,
y nos avisa,
y desde abajo nos dejan verla a través de un calidoscopio.
Y en la proa, aristócratas con alzacuellos
tallan ídolos crucificados
            que protegerán a quien le deje una moneda.

Entretanto tendemos tenedores
y nos provocamos hemorragias nasales,
la nasa construye botes salvavidas
con tecnología papirofléxica japonesa
y la salvación la encontraremos
liberando a los esclavos de los pesados remos
para quemarlos en las calderas del barco,

y arrojar los remos por la borda.

lunes, 23 de julio de 2012

Quod natura non dat


Se respira un aire lento y pesado
en la ciudad.
El sol veraniego teje su tela en cada esquina
y desde los balcones
puedes ver cientos de insectos atrapados.
Los enamorados pasean mirando al infinito,
cogidos de la mano y sueltos del alma.
Los amigos de la infancia
se vomitan vidrios rotos unos a otros
y en los balcones
ya no puedes fumar lo que te plazca.
La plaza es un hervidero de foráneos
que disfrutan del exotismo tribal del tercer mundo.
El tiempo pasa cada vez más despacio
en esta ciudad enferma y moribunda
que acalla las voces curativas
y limita tus alas si pretendes saltar
de los balcones.
Se respira un aire lento y pesado en esta ciudad
que pretende quitarme
lo que la naturaleza me prestó.