sábado, 30 de marzo de 2013

Querer correr


Querer correr
no es querer caer.
Querer volar
no es querer caer.
Querer caer
no es querer dar pena.
Querer agradar
no es querer querer.
Querer querer
no es querer.
Querer querer es quedarse quieto
y quedarse quieto
no es nada.

miércoles, 27 de marzo de 2013

El mundo necesita poesía


El mundo necesita poesía.

El mundo necesita
sugerencia y abstracción.
Necesita caricias de canela,
vino tinto
y marihuana.

El mundo necesita
la electricidad de las miradas anónimas
que se cruzan en las bibliotecas.

El mundo
necesita parecerse más
a unos ojos con vértigo
                que piden gravedad
                               al filo del abismo
                                               de unos labios húmedos.

El mundo necesita sincronizar la revolución
                y los orgasmos
y no los horarios y las agujas del reloj.

El mundo necesita paz en los hogares
y guerrillas
para recuperar los parques.

El mundo
necesita palabras como cabezas nucleares
para reventar los cimientos de esta ética obsoleta.
Necesita espíritu
y no caretas, maquillaje y músculos de acero.
Menos hiperrealismo y más imaginación.

El mundo necesita sensibilidad,
escalofríos,
mariposas estomacales
                que tomen las riendas de tu vida durante una tarde.

El mundo
ya no necesita unos papeles de colores
que te digan cuánto tienes.
Necesita profecías
no profetas.

El mundo
                ni siquiera
necesita poetas.
El mundo
necesita

sábado, 23 de marzo de 2013

Lo reconozco


Sí,
lo reconozco,
en ocasiones pongo reggae
y me quedo mirando las visualizaciones del Reproductor de Windows Media.

Sí,
a veces
me apetece confundirme con las sombras
durante catorce horas:
salir,
espirar,
comer,
inspirar
y entrar.
No todos los días me quedo dormido.
Es posible que en cierta ocasión
me haya masturbado viendo fútbol.

Sí,
pero he sacado fuerzas para escribir esto
                y que tú lo leas
mientras te tocas los huevos. 

viernes, 22 de marzo de 2013

El infinito tatuado


Tengo el infinito tatuado en la retina
                de mirar al cielo.

Soy un joven aprendiz de necio
que sobrevivió al incendio de la libertad
pero tengo en el cerebro
quemaduras de tercer grado
                que aún supuran miedo.

Tengo el infinito tatuado.

He bailado con los galgos abandonados de mi barrio
al son de una lata de sardinas
canciones populares que sólo se cantaron una vez,
he masticado los chicles del amor hasta el desgaste,
he robado, he mentido,
me he drogado hasta perder la identidad,
he reído cataratas y he llorado mariposas
pero nunca
he dejado de mirar al cielo.

Toda una vida buscando respuesta
a preguntas que no he sabido ni formular.

Y sigo rindiéndome.
Y sigo siendo aquel niño caprichoso
que se encierra en su cuarto enfurruñado
para escribir que quisiera ser halcón.
En vez de luchar.
En vez de saltar
y salir volando por el balcón.
Y sigo dejando que mi ego maneje mis palabras,
                mis obras
                               y sobre todo mi omisión.

Y sigo mirando al cielo
con los pies en la tierra.
No busco dios.
No busco perfección.
Busco un sueño infantil,
una nube de la que colgarme.
Pero me absorbe la espiral del infinito
                y me tatúa su canción en la retina.

Soy un trozo roto del viento
que a veces no sabe volar.

Pero seguiré recolectando tropiezos
hasta que ya no queden piedras.
Y seguiré jugando, arriesgando,
derrapando en las esquinas,
exprimiéndole las ubres al reloj
y saboreando cada calada de vida
porque lo efímero es volátil
y el infinito
puede esperar.

sábado, 16 de marzo de 2013

Ese caza-miedos


En los confines del mundo
debe de haber escondido
algún tipo de artilugio
capaz de amedrentar al miedo.
Después 
amordazarle, atarle, meterle en un saco,
disparar,
arrojarlo al río, y disparar,
pero primero
necesitamos ese artilugio,
ese sistema capaz de diluir cualquier atisbo de cobardía,
ese caza-miedos
que lo derribe al primer contacto.

Es preciso encontrarlo.

Aunque
puede que no esté en los confines del mundo.

Incluso
quizá no esté escondido.

martes, 12 de marzo de 2013

Ser un triste


Ser un triste
está de moda.
Ser catástrofe-nihilista,
ser realista, aprensivo,
dinamitante, cortante,
afeitado, chistoso pero callado,
extrovertido pero tímido,
loco pero cuerdo,
no demasiados vicios
quince días de vacaciones a lo sumo,
muchas quejas,
mediocridad en cualquier tipo de ejercicio creativo
y sobre todo
                la tristeza por bandera.

¿Pájaros en la cabeza?
¿Utopías, sueños inalcanzabels,
felicidad extrema,
confianza en uno mismo?
                esto sólo puede acabar mal.
Hay que ser un triste
para trepar.

domingo, 10 de marzo de 2013

Vértigo


Llevas los ojos pintados de rayos de noche,
suave carita angelical desconsolada
y un paracaídas raído en los labios.

Te descubro
paseando al borde del abismo
                de la barra del bar
como con un imán en las pupilas
murmurando melodías imposibles
                mientras apuras un tercio.

La noche sigue rayándote la pintura de los ojos
y tu sombra es más larga que el silencio.

Tus palabras son trapecistas ebrios
y me cuentas
que ya no sabes si debes contar
o descontar
los días
o contar de dos en dos
o quitarle los domingos al calendario
o arrancar el segundero de todos los relojes…
                yo te digo
que los días son de barro
que se moldean con las manos
y te invito
a rayar la pintura de la noche con las llaves de tus ojos.

Pero mis palabras
son funambulistas sordos
en el circo fantasma de las utopías
de este maestro de ceremonias desahuciado
y cretino
que solo buscaba un poco de cariño.

Y me descubro
paseando al borde del abismo
                de tu cara
                               como con un imán en las pupilas
murmurando melodías imposibles
                mientras apuro mi tercio.

Y el barro de los días
se va solidificando
por haber querido moldearlo con palabras
y ya no queda birra
y nos alejamos del abismo de los bares
mientras un rayo de luz
le pinta los ojos a la noche
                y nos alejamos el uno del otro,
aunque
caminemos
en la misma dirección,
como dos malabaristas mancos
que quisieron impresionar al tiempo
y este
se les vino encima.

Y nos alejamos el uno del otro
                para no tener razones para dejar de ser suicidas
por el vértigo
que supone
alejarse del abismo.