lunes, 1 de abril de 2013

Complejidad barroca del folio en blanco


Tengo tiestos en las palabras
y librerías en las ingles
desde que te fuiste.
¡Oh, dolor agudo de tercio pelo!
¡Oh, desasosiego convulso de cementerio!

Estoy cansado de pasar el polvo
                anfetamínico
buscando moléculas de ti,
estoy cansado de dormir durante horas
y soñar continuamente con tu hueco.
Estoy seco
de pensar activamente en ti.

Ya no hay ofertas en el súper
ni cromatismos en la naturaleza.
Todos los días son martes 24 de Marzo
y las mariposas
arrojan cócteles molotov contra las sucursales de mis ojos.
¡Oh, soledad vacía de coliseo!
¡Oh, ironía macabra de catecismo!

Ahora
tengo tiestos en las palabras
y los riego religiosamente cada día
para crear un bosque
                en que perderme.
Ahora
tengo librerías en las ingles
abarrotadas de aburridísimos ensayos
                sobre la melancolía.
¡Oh, complejidad barroca del folio en blanco!

Y cuando estabas a mi lado,
sencillamente, oh, vil paradoja,
ni siquiera pensaba en ti.

domingo, 31 de marzo de 2013

Arcadas


Arcadas.

Tengo mucha tinta en el estómago.
Mente en blanco, alma negra,
tornillos oxidados en el pecho.
Odio, ¿amor?, odio.
Granadas de mano en las pupilas
y en las palabras caracolas sordas.
Quiero acariciarte, olerte, morderte,
                arañarte, golpearte, descuartizarte.
Quiero irme de mí.

Arcadas.

Ayer  tendíamos lavadoras de miseria
en cordones de oro
y nos bastaba con medio rayito de sol.
Ayer estábamos de revuelta
y matábamos de risa a los sauces.
Ayer…
Hoy
te miro y deforesto una montaña.

Arcadas.

Todos mis muros se derrumban
                una y otra vez.
A la mierda!
Ya no necesito caparazones,
                               ¡que venga el mundo!
Aquí estoy
a pecho descubierto
                y los nudillos cargados de veneno.
No puedo resetearme otra vez más.
                               Quiero irme de mí,
                                               Quiero que te vayas de mí.
                                                               Quiero irme de ti.
Déjame volar,
aunque sea encadenado a mi conciencia.
Razón, ¿instinto?, razón.
La razón encadenada
cede sus armas al instinto
y le invita a reventar las normas;
el instinto encadenado
pide consejo a la razón
y los dos se pudren al unísono                  en su propia tela de araña.
(Bonita fábula sin moraleja).
No tengo la llave,
ni siquiera sé cuál es la puerta.
                TENGO QUE VIVIR
Tengo que salir de este rincón oscuro,
empuñar mi machete,
                                               soltar el boli,
y apuñalar a mis fantasmas,
a todos,                               a destajo,
salir al abismo y                                                               saltar,
y pintarme de blanco,
y cederle al destino la paleta de colores
y soltar el boli
                soltar el boli
                               soltar el boli
.

sábado, 30 de marzo de 2013

Querer correr


Querer correr
no es querer caer.
Querer volar
no es querer caer.
Querer caer
no es querer dar pena.
Querer agradar
no es querer querer.
Querer querer
no es querer.
Querer querer es quedarse quieto
y quedarse quieto
no es nada.

miércoles, 27 de marzo de 2013

El mundo necesita poesía


El mundo necesita poesía.

El mundo necesita
sugerencia y abstracción.
Necesita caricias de canela,
vino tinto
y marihuana.

El mundo necesita
la electricidad de las miradas anónimas
que se cruzan en las bibliotecas.

El mundo
necesita parecerse más
a unos ojos con vértigo
                que piden gravedad
                               al filo del abismo
                                               de unos labios húmedos.

El mundo necesita sincronizar la revolución
                y los orgasmos
y no los horarios y las agujas del reloj.

El mundo necesita paz en los hogares
y guerrillas
para recuperar los parques.

El mundo
necesita palabras como cabezas nucleares
para reventar los cimientos de esta ética obsoleta.
Necesita espíritu
y no caretas, maquillaje y músculos de acero.
Menos hiperrealismo y más imaginación.

El mundo necesita sensibilidad,
escalofríos,
mariposas estomacales
                que tomen las riendas de tu vida durante una tarde.

El mundo
ya no necesita unos papeles de colores
que te digan cuánto tienes.
Necesita profecías
no profetas.

El mundo
                ni siquiera
necesita poetas.
El mundo
necesita

sábado, 23 de marzo de 2013

Lo reconozco


Sí,
lo reconozco,
en ocasiones pongo reggae
y me quedo mirando las visualizaciones del Reproductor de Windows Media.

Sí,
a veces
me apetece confundirme con las sombras
durante catorce horas:
salir,
espirar,
comer,
inspirar
y entrar.
No todos los días me quedo dormido.
Es posible que en cierta ocasión
me haya masturbado viendo fútbol.

Sí,
pero he sacado fuerzas para escribir esto
                y que tú lo leas
mientras te tocas los huevos. 

viernes, 22 de marzo de 2013

El infinito tatuado


Tengo el infinito tatuado en la retina
                de mirar al cielo.

Soy un joven aprendiz de necio
que sobrevivió al incendio de la libertad
pero tengo en el cerebro
quemaduras de tercer grado
                que aún supuran miedo.

Tengo el infinito tatuado.

He bailado con los galgos abandonados de mi barrio
al son de una lata de sardinas
canciones populares que sólo se cantaron una vez,
he masticado los chicles del amor hasta el desgaste,
he robado, he mentido,
me he drogado hasta perder la identidad,
he reído cataratas y he llorado mariposas
pero nunca
he dejado de mirar al cielo.

Toda una vida buscando respuesta
a preguntas que no he sabido ni formular.

Y sigo rindiéndome.
Y sigo siendo aquel niño caprichoso
que se encierra en su cuarto enfurruñado
para escribir que quisiera ser halcón.
En vez de luchar.
En vez de saltar
y salir volando por el balcón.
Y sigo dejando que mi ego maneje mis palabras,
                mis obras
                               y sobre todo mi omisión.

Y sigo mirando al cielo
con los pies en la tierra.
No busco dios.
No busco perfección.
Busco un sueño infantil,
una nube de la que colgarme.
Pero me absorbe la espiral del infinito
                y me tatúa su canción en la retina.

Soy un trozo roto del viento
que a veces no sabe volar.

Pero seguiré recolectando tropiezos
hasta que ya no queden piedras.
Y seguiré jugando, arriesgando,
derrapando en las esquinas,
exprimiéndole las ubres al reloj
y saboreando cada calada de vida
porque lo efímero es volátil
y el infinito
puede esperar.

sábado, 16 de marzo de 2013

Ese caza-miedos


En los confines del mundo
debe de haber escondido
algún tipo de artilugio
capaz de amedrentar al miedo.
Después 
amordazarle, atarle, meterle en un saco,
disparar,
arrojarlo al río, y disparar,
pero primero
necesitamos ese artilugio,
ese sistema capaz de diluir cualquier atisbo de cobardía,
ese caza-miedos
que lo derribe al primer contacto.

Es preciso encontrarlo.

Aunque
puede que no esté en los confines del mundo.

Incluso
quizá no esté escondido.