sábado, 4 de enero de 2014

Metamor

No hay fórmula.
El amor es una molécula inestable,
una mordaza de la lógica,
un “sí pero no” constante.
Es la morada del nómada.

No hay fórmula.
El amor
es la frontera milimétrica
que separa el alma
de la materia más absoluta,
una fantasía demasiado tangible.

No hay fórmula.
Es metamorfosis
y consolidación de los principios.
El amor es madurez
                a través de la inocencia,
crecer y menguar al tiempo,
habitar todas las edades.

Joder, que no,
no hay fórmula.

No existe la manera,
el número, la palabra
que defina su esencia;
concreción abstracta de un rayo de luz.

El amor no existe
a pesar de ser lo único verdaderamente auténtico.
Así que
basta ya de metamor,
del amor dentro del amor,
del amor más allá del amor.
Basta ya de hablar del amor,
no hay fórmula.
“¿Qué es amor?”
¿Y yo me lo pregunto?
Basta ya de teorizar, amor,
y vamos a emanarnos el amor
hasta que se nos olviden las maneras,
vamos a follarnos al amor
hasta que se nos agoten las palabras,
vamos a estrellarnos el amor
hasta que se nos acaben los números,
hasta que ya no queden “bastas”
y todo empiece siempre donde acaba…
y todo acabe siempre donde empieza…
el amor.

martes, 10 de diciembre de 2013

Como nómadas

Como caracoles escacharrados
nos besamos
y caminamos sin rumbo,
            como nómadas,
por las dunas de tu cama.

Como suicidas de destrucción masiva
nos arrancamos la ropa
como si [ya] no existiera el frío,
como animales hambrientos
encadenados a paredes de papel.

Como conceptos ocultos en una escultura abstracta
nos abrazamos a la realidad astral
de un escalofrío,
y despreciamos la indeleble materia
de un ramo de efímeros pensamientos.

Como dos rojas gotas de acero fundido
            que se buscan en un laberinto,
recorremos los carriles
            perdiendo parte de nosotros en los surcos.

Sin atender al daño,
al futuro, a los estantes repletos de tarros de reproches,
a las caricias de mentira, a los kilómetros asesinos,
a las olvidadas papeleras llenas de soledad,
a los autobuses que perdemos por perdernos en las sábanas,
a los fantasmas de las navidades pasadas, al despertador,
nos encontramos como sin querer.

Y sin atender al dolor anciano que reside en nuestros párpados
los abrimos
            como por primera vez,
y llenamos el aire de canciones sordas
que desafinan el silencio,
que revientan los muros, los edificios, las carreteras, las placas tectónicas,
el espacio-tiempo, …
que nos llevan de nuevo a nuestra playa,
donde tu pelo era el telón del cielo,
y las estrellas un elenco enloquecido
            por la luna derritiéndose en el mar,
y como caracoles estrenando su caparazón,
nos besamos
y caminamos sin rumbo,
            como nómadas,
para no salir nunca de las dunas de tu cama.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Cavo mi tumba

Cavo mi tumba y meto dentro los miedos.
No puedo seguir cantando,
                tantos destartalados sueños
                               huyen colina abajo…
Y sigo sin ponerme el abrigo
para visitar los estivales parajes de mi pasado
y sigo muriéndome de paz y pena.
No suelo ser yo
cuando aparezco en los recuerdos:
cambio de reloj, tiro los dados
y despierto en una cama sin sábanas voladoras.

¡Qué destello de escalofrío,
qué desasosiego de caricias!

Meto los dedos en el pelo de cualquiera
y me masturbo recordando lo que pudo ser.
Sigo sin verte ante mis ojos.
Sigo sin saber seguir, estancado,
                flotando boca abajo.

Cavo mi tumba
y meto dentro gominolas.
Salgo
Escribo en los árboles  mi cadena genética
y extirpo de mi nuca
los apellidos de mis antepasados.
Salgo
y estrello mis manos
contra una realidad disfrazada de luna.
No puedo nombrarte.
Cabalgo a pelo
sobre un caballo anciano,
las hormigas que me salen de la boca
cargan con las migas de los poemas que nunca te escribí.

Lo que escribo
dicta lo que tengo que pensar
y así
el tiempo
no siempre avanza hacia adelante.

Paro.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Humo blanco

Se tornan humo las nubes
que encapotaban los sueños.
Humo blanco.

Me deslizo süave sobre el tedio,
mato las horas
pero me quedo con unos cuantos minutos
como prisioneros de guerra.

Una sonrisa nace rápido
desde el centro de mi centro
pero      aún mis músculos faciales
solo rinden         a un 20%.
Cojo carrerilla,
                desperezo los dedos,
                               abro las puertas hacia afuera y
aunque chirríen los goznes,
                                               respiro armónicos de musa.
Aún tengo esperanza.
Sólo quiero deslizar el boli sin pensar,
sin estructura y
que vuelen las palomas de tinta de los campanarios en que me dejé los huevos.
Trazas de rabia
                pueden encontrarse a veces
trituradas entre las más bellas palabras.
Aún tengo motivos.
Tenemos más de cien mentiras que valen la pena.
Y de doscientas. Sí.
Los trenes, la risa, los bares….
pero esta salvajada de amanecer,
este chispazo de supernova,
esta catarsis de levadura
no viene de la mente.

Aún tengo motivos.
Subrayo el horizonte todas las mañanas para recordarlo.

Pero ahora
                no sólo lo recuerdo, lo siento.
Lo siento.
A veces las palabras,
maltratadas,
pierden su auténtico significado.
Quiero desatascar las tuberías de las entrañas
sacar las garras
                y rasgar las velas de la barca
para navegar a la deriva
en un océano
                que nunca me dejó varado en oscuras orillas
y divisar a lo lejos
aquellas islas que dibujé de niño.

Se tornan gelatina los muros
que me separan de los sueños.
Ya los huelo. Tengo motivos.
Tengo misiones que cumplir.
Tengo constelaciones en el vientre
                chocando entre sí constantemente
                               y polvo de estrellas en el brillo de los ojos.

Ahora varias lágrimas,
                nacidas del mismo seno que mi sonrisa,
pugnan por brotar
                pero aún es pronto para inundar mi cara.
Relamo la victoria,
pero aún he de apretar los puños.
Derramé ya demasiada sangre.

Ahora mis versos
están empapados de rayos de vida y verdad
y tengo ganas de gritar,
bajar al parque
                y delirar, rodar, saltar
sentirme lejos de todo
hablarme a mí,
sentarme cerca de todo,
tocarme, alarme, alcanzarme, sincronizarme con el cromatismo del viento
                               y morir cantando
                                               abrazado a cualquier árbol.
Se tornan humo las nubes.
Humo blanco.
Los poemas
a veces
también pueden ser alegres.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sol[de la]edad

Alcoba, paraguas, perchero, estantería, desorden absoluto.

Tengo sucias las aspas del molino
de tanto echar de menos al viento.
Mi habitación está repleta de marionetas
                sin rostro
que se asoman por detrás de los muebles
y gritan tu nombre.
Sales silbando de los bafles
canciones inacabadas
de artistas malditos.

Me dejo seducir.
Salgo de casa cantando
y un puñado de pájaros me acusan de plagio,
entonces despierto
y me veo cubierto de la tela de araña que has tejido en mi cama.

Caricias, cáscaras de conversaciones, simetría ocular, frío.

Imagino que sólo imaginé que eras una entelequia
y que siempre has estado conmigo,
de mi mano.
No puedo desprenderme.
Usas mi piel.
Devuélveme mis zapatillas de andar por casa
y las lágrimas de plastilina que moldeé.

Compartirme contigo. Compartirte conmigo. Compartirnos. O no.

Hay sombras que pretenden separarme de ti
y luces
que no me dejan verte.
Jaula, cerebro, pasión, dolor físico, amor, libertad absoluta o relativa.
No.

Escucharé tu grito afónico
y volveré a darte la espalda.
No eres yo. Sólo un trozo.

Yo
somos nosotros.

viernes, 25 de octubre de 2013

Somos

Somos aguja en el pajar.
Somos polvo en la nieve.
Somos espejos en un bosque de cristal.
                Somos alondra en la bandada,
                luz blanca en la niebla
                saliva en la falda de las cataratas.

Somos lo que somos.

Somos ameba.
Somos masa.
Somos elenco mimetizado de zombis
                ante el escaparate de la carnicería.

Somos, a veces, también lo que fuimos.

Somos Segunda Guerra Mundial.
Somos el juguete de un dios adolescente
                que se cansó hace tiempo de jugar con muñecos.
Somos árbol que nadie escuchó caer.
Somos la maravillosa canción
                cuyo autor no se atrevió a cantar jamás.
Somos heridas abiertas,
hermanos a cuchillazos,
                amor de trinchera.

Somos, según parece, también lo que seremos.

Somos opulencia y miseria,
portada barroca tardía,
somos escombro de pluma de pato.
                Somos el reverso de un triángulo equilátero,
                silencio ensordecedor,
                caricia de lija.

Somos lo que somos,
lo que fuimos
y lo que seremos
al mismo tiempo.
                Somos lo que estamos buscando:
                aguja, polvo, espejos.

Quietud en un paisaje en movimiento,
movimiento en un paisaje quieto:

Somos el tiempo.

jueves, 17 de octubre de 2013

Él

Él se llama como yo
pero no usa mi nombre.

Pretende desbrozar
todos mis prados
y yo
genero una hectárea de despojos
                por minuto.
Me saluda sonriente
y asustado
desde los espejos,
me dicta libertad
y yo
hace tiempo que agujereé mis alas
y dejé en blanco
                los folios de las encrucijadas.

Él se alimenta de sueños,
yo no puedo despertar
                del letargo eterno del miedo.
Él es limpia pulcritud inmaculada
y quiebra el metacrilato
                que le separa del amor
con un simple brillo de sonrisa
mientras yo
hago de mimo
                delante de la mujer de mi vida.
Él está asustado,
yo no le temo a nada.
Quizá por esto
perdí la ilusión de destripar a los monstruos
que custodian los más preciados tesoros
y me olvidé de todo.

Él escribe poemas
técnicamente horribles
empapados de verdad.
Yo
escribo poemas por encargo
                que llevan su nombre
                               pero hablan de mí.

Yo fui él,
él quiso ser yo
y ahora
necesito su consejo.

Y así vagamos los dos,
buscándonos en la oscuridad inmensa del espacio-tiempo,
llorándole a un tú
                que quisiera ser nosotros.