domingo, 9 de marzo de 2014

Cualquier cosa

He venido a este cuaderno
para hablar de cualquier cosa
que no seas tú.

La existencia,
                por ejemplo,
es una forma de empezar.
Existo.
Existes.
Existimos.
La existencia no me interesa.

La naturaleza.
La naturaleza pide a gritos auxilio,
la naturaleza se manifiesta en cada parpadeo,
la naturaleza ve en el hombre a su hijo
y lo respeta,
la naturaleza no entiende de reglas;
busca la luz,
                se cuela,
atraviesa las grietas de la cabeza
y fluye.
No como nosotros.

La sociedad.
La sociedad
está
hasta los ojos de basura:
Los curas, los polis, las alcaldesas,
los bancos, los ricos, la mafia,
el consumismo esquizofrénico que nos consume por dentro
                y les da de comer a los ricos,
la mafia, los polis, los bancos,
las alcaldesas, los curas,…
y por supuesto
los valores impuestos que nos dicen
cómo debemos amar.
Como si la naturaleza
                naciera de nuestra cabeza.
La sociedad
mutila la naturaleza.
Como nosotros.
Como mi sonrisa torcida
                careta de duro,
como tu espada afilada;
los diques que embalsaman nuestras riadas.
Hablaré de todo lo que tú no tocas,
aunque eso suponga recurrir al susurro del silencio,
aunque el silencio huela a tu cuello,
aunque la naturaleza
                pretenda atravesar mis muros y eyacular a través de mi bolígrafo.

Hablaré de cualquier cosa;
de la luna, de los celos,
del enjambre de dudas que zumban tu nombre,
de la nada.
La nada.
Sí.
La nada es un lugar tan inmenso
que tú
casi
cabes dentro.

viernes, 7 de marzo de 2014

Hablamos


Hablamos de la vida
                dentro de la vida.
Hablamos del amor
                dentro del amor.
Hablamos de la sangre
                dentro de las heridas.
Hablamos de ver el atardecer en una playa de Tailandia
                mientras vemos el amanecer en una playa de Tailandia.
Hablamos de comer
en las comidas.
Hablamos de amistad
                con los amigos.
Hablamos de los borrachos que hablan con los camareros
                con los camareros cuando vamos borrachos.
Hablamos de la guerra
                fusil en mano.
Hablamos de la paz
                después de haberla firmado.
Hablamos de la libertad.

Hablamos de las conversaciones
en las conversaciones.
Hablamos de la droga
mientras nos drogamos.
Hablamos de alienación
                en el centro comercial.
Hablamos de esclavitud
                mientras remamos.
Hablamos de la depresión
                con el psicólogo.
Hablamos de poesía
                en los poemas.
Hablamos del frío
                en invierno.
Hablamos del calor
                en el calor.
Hablamos de la libertad.

Hablamos de hablar.

Hablamos de callarnos.

viernes, 7 de febrero de 2014

Koala

Me encanta
ser un koala en tu mirada de eucalipto,
cuando nadie nos ve.

Que te burles   
                con la lengua
de mi parálisis pasional.
Soy un pobre moribundo
                condenado al paredón,
y tu sonrisa
es una ristra de soldados armados,
y me encanta
ser acribillado por sus ráfagas,
cuando nadie nos ve.

Pero sin duda
                lo que más me gusta
es que tu presencia me inunde de dudas,
que estén prohibidos
                nuestros contactos telepáticos,
me encanta la clandestinidad
                de mi deseo indómito,
y amo
odiarme
por sentirme así.

lunes, 27 de enero de 2014

Las corbatas

Perdone
pero se le ha enredado la corbata
en mi conversación, gracias.
A veces tiene usted
la mirada perdida, como anhelante.
¿Qué tal maneja usted la grapadora?
Puedo ver cómo me mira
por el rabillo de la nuca.
Sé que proyecta en mí
algún tipo de fantasía burocrática,
quizá un trauma del futuro.
Pero yo no soy quién usted cree,
mis corbatas son figuras literarias,
pero también las tengo.
Por cierto, bonito maletín.
¿Qué lleva dentro?
Seguro que cientos de corbatas
o la manera de conseguir más corbatas.

Mierda.
Ahora soy yo el de la mirada perdida.
Perdone,
se me ha enredado una metáfora en su pupila,
gracias.

viernes, 17 de enero de 2014

Apagón

Apagón.

De pronto
una débil luz al fondo.
No sé si antes o después.
Al fondo.

Ahora no hay haber.
Sin embargo puedo notar que yo existir,
no sé cuándo. Existir.

Aquella luz se aproxima,
debe ser después entonces.
Ya no es débil
pero se resiste a ser blanca,
no sé qué color. No blanca.

Debe de haber haber.
Al menos debió de haberlo habido
porque estoy casi seguro de notar que existí.

Estoy aproximándome al principio,
por tanto la luz fue antes.
¿Es posible estar aproximándose a lo anterior?
¿Es posible que sólo exista lo posible?

Azul. Ahora es azul,
aunque no recuerdo haber sido nunca azul.
¿Me aproximo yo a la luz?
Lo cierto es que es prácticamente imposible estar quieto;
soy yo quien se aproxima.

La luz ya está en mí:
existo.

miércoles, 15 de enero de 2014

La antesala de la gloria

En la antesala de la gloria
no hay gloria.

En la antesala de la gloria
apesta a perfume caro.

En la antesala de la gloria
sólo hay revistas de moda,
canibalismo
y decoración en general.

No hay taburetes para todos
y los relojes hielan el eco.

En la antesala de la gloria
no hay puertas ni ventanas,
sólo flexos, coca-cola y google.
La primavera es un grafiti del lavabo
y el amor un crucigrama.

No hay dios.
La antesala de la gloria
                está detrás de cada esquina.

No hay caos.
La antesala de la gloria
                no es un buen lugar para vivir.

Por allí pasan todos los caminos.
No hay vida
en la antesala de la gloria.

La esperanza se conserva en tarros de mermelada
y las ilusiones son para los locos.

No hay descanso.

La libertad es una bicicleta estática
y las líneas de meta avanzan más rápido que el horizonte.

No hay dios, ni caos, ni vida, ni descanso.

La certeza es un unicornio anciano
y la duda café de antes de ayer.

No hay duda.

No hay gloria
sin la antesala de la gloria.

No hay duda.

No hay gloria.

La antesala de la gloria es
                -no hay duda-
el punto más alejado de la gloria.

martes, 7 de enero de 2014

Guerra fría

Me gusta hacer la guerra contigo
casi tanto como el amor.

Me gusta
fruncirte el ceño,
que me arañes las palabras,
me gusta cuando nos mordemos los dientes,
cuando me humillas,
cuando te hundo.

Me gusta, casi tanto,
como lamerte el vientre,
como que alunices en mis nalgas,
me gusta
cuando abstraemos un abrazo
                hasta la enredadera,
cuando me endiosas,
cuando te encumbro.

Me gusta el amor
y la guerra contigo
casi tanto como vivir.

Lo que no logro comprender
es el porqué
de esta guerra fría,
esta paz helada,
este profundo silencio
enraizado de nada.
No comprendo por qué
esquivarnos las balas,
los roces, las ráfagas.
Lo que más me mata es esta quietud de espuma
                encadenado en un paredón sin tiempo.

Así que, por favor,
apúntame con tu fusil
o con tu boca
y acaba de una puta vez conmigo
de un solo disparo certero.