Paladean las palabras el vino del momento,
teclean los dedos, la imaginación se despereza.
Martillea mi conciencia la tinta acumulada,
tanto que decir, tanto que callar.
He llorado nubes de todos los colores
pero las plantas de mis pies siempre tienen sed.
Me dicta el viento doce poemas al tiempo
y mastican, sin mezclar, mis pupilas cromatismos.
Quisiera hablar de ti
y de ti, y de ti también
pero tengo tanto que decirme a mí.
Soy ese ratón sin ruedecita en la jaula,
sin queso al final del laberinto de mi literatura.
Soy ese esquimal mal acostumbrado al frío,
ese jinete con lumbalgia, ese poeta sin luna.
He reído solo todos los saleros posibles
pero el cielo siempre trae más nieve a mis bordillos.
Pedalean las palabras el monociclo del presente,
tanto que decir, tanto que decir.
Quisiera hablar de ti también,
y de todo lo que me orbita
pero tengo tanto que callarme.
martes, 14 de octubre de 2014
miércoles, 8 de octubre de 2014
Ya lo he dicho todo
Y cabalgar contigo hasta que se acaben los caminos…
Ya lo he dicho todo
pero aún no he hecho nada.
Sigo desordenándome por dentro
a ver si así
descubro dónde colocarte.
Eres una luna con hocico de musa
y yo un violinista con metralleta;
podría interpretar mis mejores piezas para tejado
durante toda la noche
pero todas las estrellas
se darían por aludidas
menos tú.
Tienes pies de helio
y las briznas de césped se estiran a tu...
Paso.
Paso.
Ya lo he dicho todo
pero aún no he prometido nada.
Sería lo más fácil:
rasgar por la mitad mi vida,
abandonarlo todo,
cumplir promesas,
una tras
otra,
y despejar la niebla del futuro.
Es cobarde no prometer nunca
pero también es cobarde no saltar sin comprobar antes el
paracaídas.
Sólo puedo empeñar el presente,
emplear el ahora y prometer hasta las doce.
Fuimos tan inmortales
como todo lo que dura el tiempo justo.
Ya lo he dicho todo
pero no pretendo embriagarte con palabras de garrafa.
Aún no hemos hecho nada
pero lo cambiaría todo por volver
a aquel sofá destartalado, el sol de naranja y los semáforos
en rojo,
entrar en la fotografía y no soltarte.
Ya lo he dicho todo
pero tengo todo por contarte.
Cambiaría incluso lo que aún no he dicho,
lo cambiaría todo por volver
y, una vez allí, no cambiar nada.
No se debe decir todo
pero echaba de menos mi sonrisa.
Ahora sólo tengo la infinitud del presente
para compartir.
No se debe decir nada.
Hay que hacerlo todo.
Y cabalgar contigo hasta que se acaben los caminos…
sábado, 13 de septiembre de 2014
Urge
Urge
reanimar conciencias,
cocinar
consciencia,
agujerear,
cuando menos, la venda,
ver,
digerir, gestionar, canalizar
y
expandir la luz.
Urge
rebobinar la historia,
desenmascarar
a los villanos,
dar
nombre a los miles de números
olvidados en las cunetas.
Urge
desestimar cualquier suculenta oferta
de vender el cuerpo y el alma,
de cambiar el tiempo
por papel moneda.
Urge
desoír viejos consejos
de sumisión y conformismo,
urge
virar el timón hacia la utopía,
remar cada día
y
asumir que el camino es el fin.
Urge
sonreír
al
vecino, a las madres, al enemigo y,
sobre todo,
al
espejo.
Urge
elaborar delicadamente ese compás,
ese
verso, ese trazo
capaz
de remover un universo interno.
Urge
pisar todos los charcos, a ver qué pasa;
mear
fuera del tiesto,
mear
dentro, si es necesario;
urge transgredir la transgresión.
Urge
desplazar montañas
si es que no amanece,
despeinar
a los banqueros y a los yonquis,
amar
desde dentro
hasta el último rincón
sin
miedo a ser tachado de intenso.
Urge
agradecer los baches,
acariciar el dolor hasta la
disolución.
Urge
ser consecuente,
lo
menos hipócrita posible,
tomar
lo que a cada cual le corresponde;
que lo que es de todos,
sea de nadie;
la
única propiedad posible ni se toca ni se usurpa.
Urge
devolver a las palabras su significado:
Pan,
democracia, genocidio, derecho, feminismo,
Iglesia,
golpe de estado, patria, canción,…
Urge
respetar a todo aquel que lucha,
que
se juega el cuello por una idea,
respetar
a esos chiflados
que
sistemáticamente son quemados
en
nombre de Dios
o
de la Ciencia.
Urge
desobedecer por si acaso,
imaginar por defecto,
soñar en exceso,
saltar,
volar o caer,
pero
saltar,
mover
las ideas y no idear los movimientos,
huir,
huir
constantemente de quienes parasitan la luz,
huir
del país o del barrio,
huir
de la realidad
de
vez en cuando.
Urge
respirar profundo,
llorar despacio,
extirpar la rabia.
Urge
parar el reloj,
replantearlo todo,
parar las prisas,
reforestar
el tiempo,
parar el despertador.
Urge
frenar,
mirar,
recalcular y proseguir después,
para
poder perseguir al conejo blanco adecuado.
¿Frenar
la urgencia?
Urge
reanimar conciencias.
Urge
dejar de hablar de hacer,
acallar
a las palabras,
hacer.
martes, 12 de agosto de 2014
Dos gotas más
Éramos dos gotas más.
Ni más ni menos.
Dos gotas en el aguacero.
Dos gotas en el cristal.
Fuimos también
una sola gota.
Una sola gota, redonda y gorda
en el cristal, en el andén.
Una sola gota rodando
sin perder ni una sola
molécula de oxígeno,
una sola gota
esperando cualquier tren
que no fuera hacia el desierto.
Y nos asustó la
lluvia.
Y nos asustó
aquella humedad
donde perdurar es
menos,
donde perdurar sin
más.
Y nos dividimos de
nuevo.
Y volvimos a ser dos gotas.
Dos gotas que se buscan.
Dos gotas que rebotan contra otras gotas,
que no ruedan en cualquier cristal.
Y fuimos, otra vez, dos gotas más.
Y la lluvia iba cesando.
Y evaporarse era una opción
más que atractiva.
Dos gotas a la deriva
que se buscan, que repelen
las gotas de sudor extraño.
Y de tanto en cuanto,
de tanto rebotar y rodar sin más,
nos uníamos de nuevo en una sola gota
que acabó por ser de llanto.
Y fuimos imán por desencanto.
Y nos asustó la
lluvia.
Y nos asustó
aquella humedad
donde perdurar es
menos,
donde perdurar sin
más.
Y nos dividimos de
nuevo.
Y evaporarse era una opción
más que inmediata
y ya no nos quedaban más ventanas.
Y la lluvia terminó.
Y los andenes se quedaron sin trenes.
Y volvimos a ser dos.
Somos dos gotas que se buscan.
Dos gotas más o menos
resignadas al viento.
Y vamos perdiendo hidrógeno
y no somos ya ni llanto.
Y no nos asusta ni la lluvia ni el desierto.
Desaparecemos en la multitud del lago
o nos evaporamos en el mástil de un velero.
Somos dos gotas menos.
Sin más.
Pero volveremos a vernos,
Nos volveremos a llover.
Volveremos a ser una gorda gota más, sin menos.
Volveremos a llovernos.
domingo, 13 de julio de 2014
Me salvo
Repleto de gritos de auxilio
me salvo.
¿Cómo voy yo a salvar
a la parte valiente de mí?
¿Cómo reclamar libertad sin garganta?
Repleto de gritos de auxilio
y puntos de fuga energética
me arrastro.
No doy con mi calavera
en un desierto definitivamente quieto.
Desde atrás me observan las miradas que abandoné,
me clavan su pena de oruga en la nuca
y yo no puedo darme la vuelta.
¿Cómo mirar atrás sin retrovisor?
¿Cómo mirar adelante?
Tengo la vista tan fija en el presente que no levanto
cabeza.
Atisbo horizontes tan cercanos
que no quiero mirar.
¿Cómo mirar sin ojos?
Se aparecen mares de todos los colores tras la niebla de mi
mente,
imagino que imagino que imagino…
no puedo mirar.
¿Cómo imaginar sin futuro?
Veo mis pupilas frente a mí,
pidiéndome que las mire,
y, en ellas, veo las mías reflejadas
pidiéndome perdón y amor.
¿Cómo pedir auxilio al moribundo?
¿Cómo pedir amor al enemigo?
Repleto de gritos de auxilio
y ascuas
me soplo.
Busco yesca en los labios,
leña en los
brazos,
busco reavivar la rabia, liberar la vida,
calor para el
entorno, luz natural,
busco una esquina en que cobijarme del clima hostil de la
soledad
y, entre tanto,
de vez en
cuando,
me busco
y me encuentro buscándome
y me ayudo a buscarme
y.
Repleto de llamas
y olvido
me reduzco a cenizas.
Vacío de gritos de auxilio
y piel,
renazco, dejo de intentar salvarme,
levanto la vista, parcheo las heridas con actos,
me olvido de mí
y me salvo.
Vacío de mí
me lleno de mí.
viernes, 11 de julio de 2014
Quizá no dude
Me aburrí de estar aburrido
y dejé de estarlo.
Pero esto no era divertido.
Era nada.
Me cansé de estar cansado,
descansé y me cansé
de no tener nada que hacer.
Era nada.
Se me olvidó que te olvidé,
quise quererte,
devoré tu hambre,
ignoré tu pasotismo
y me quedé sin ti pero contigo;
nada.
Ahora prefiero no preferir,
esperar que surja la esperanza,
no sentir pena ni gloria
por nada.
Elijo no elegir
y te cambio mis mejores cromos
por cualquiera que ya tenga.
Sorprendido de mi indiferencia,
quizá, un día,
deje de dudar,
quizá abandone las suposiciones,
me harte de hartarme de la nada
y me ame por tanto amarme
y odie al odio
y sea
todo.
Quizá dude de dudar
y actúe.
domingo, 6 de julio de 2014
Detesto
Bromear en el momento más inoportuno
es un acto de heroísmo,
es secretar valor, desnudar secretos,
almidonar
el caldo del momento.
Así pues,
detesto el decoro de quien no mete la pata,
quien no se ríe de lo serio por el mero hecho de serlo,
quien no se ríe del tiempo,
de la soledad inherente,
de la muerte misma con disfraz de payaso
esperando
en el umbral del éxito,
de mí,
de ti.
Detesto tanto acierto,
tantos sabios que nunca fueron necios,
tantos adultos asesinando a los niños interiores de los
otros,
tanto saber estar y parecer,
tan poco ser,
detesto vuestro odio y derribo
hacia quienes pueden ir sin pies de plomo sobre las palabras
y, sobre todo,
detesto
que nunca os deis por aludidos.
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