jueves, 12 de febrero de 2015

Pequeño

Me siento pequeño
cuando me ven por dentro,
y me visto de gigante.

Me siento pequeño,
Indefenso, impotente, vulnerable,
en pelotas,
cuando me acusan,
sin jucio previo,
las ametralladoras de
las pupilas amigas
cargadas de balas de venganza.

Me siento un insecto
si me miran bajo los felpudos
me siento absurdo, gilipollas,
continuamente fustigado
por las pestañas
que son los látigos de los cobardes.
Pero el cobarde
aquí
soy yo
porque aún sabiéndome inocente,
finjo serlo,
no lo soy realmente
y alimento con mi carne
a las alimañas de la ficción
que ya es real.

domingo, 25 de enero de 2015

Deshacer el bordado

Es difícil deshacer el bordado de la piel.
Hilo a hilo
desdibujando las rosas,
los nombres, las hostias.
Hilo a hilo
tirando, sacando,
manchándolo todo de sangre.
Hilo a hilo
hasta que no quede nada.
Entonces se ve todo:
Heridas con forma de rosas,
de nombres, de hostias.

Es difícil soportar el dolor
y desinfectarlas.
Una a una
hasta que sólo queden cicatrices
con forma de rosas, de nombres,
de hostias,
cicatrices imborrables
que persisten pese a todo.

Es difícil deshacer lo deshecho,
olvidar
lo que nunca sucedió.

martes, 20 de enero de 2015

Así van

Los que pueden
compran el alma a cualquiera.
Los que no,
venden el alma a cualquiera
para poder después comprar
el alma de cualquiera.

Y así van las almas:
vagando de cuerpo en cuerpo,
amordazadas, amoratadas, acribilladas,
empapadas de fluidos corporales ajenos
                                   y de su propia sangre.
Así van.

Son pocos los que poseen muchas almas,
así como son muchos los que andan sin una:
los ves en las escaleras mecánicas,
tomando café en las terrazas,
durmiendo en los portales,
en la oficina.
Lo peor
es que ellos no lo saben:
cuando venden el alma,
olvidan que una vez tuvieron.

Lo peor
es que sus almas serán violadas
por aquellos que las compran:
desalmados vendedores.

Así van.

Hay también quienes la recuperan de vuelta
pero ya no es la misma.

Y hay
quienes nunca la perdieron
y la conservan en llamas azules:
hablan con ella,
            a través de sus ojos en el espejo,
y traman planes para no separarse jamás.
Pero siempre hay una oferta.
El cuerpo, sediento de pan,
pide a gritos ser liberado de ese alma,
ese alma que busca libertad y oprime al cuerpo.
Siempre hay una buena oferta
para deshacerse de esa voz de luz
que desestima los placeres de la miel.

Así van las almas y los cuerpos:
nada se corresponde con su hueco
y el vacío es suplantado por materia y tabaco,
y el agujero es cada vez más ancho y más profundo
y nada encaja dentro
y cada vez más vacío y cada vez más humo;
y aquellos que no firmaron el contrato,
aquellos pobres ángeles que no quisieron cambiar
esa esencia pura
por todo lo demás,
aquellos cuerpos,
a veces olvidan que tuvieron un cuerpo
y van vagando de hueco en hueco
por los vacíos de otros cuerpos
y acaban siendo ellos los amordazados,
los amoratados,
los acribillados,
desplazados de la vida pragmática,
hasta que sólo queda de ellos su alma intacta
hecha piel,
como la sábana blanca final que oculta el rostro
del cadáver de cualquiera:
allí van.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ahora saltas

Ahora saltas
desde la azotea de mis entrañas
y me cierras en canal.

Ninfa juguetona,
                indolente meiga seductora.

Lluéveme los cristales
                de tus desprecios.

Acaríciame las dunas
de la cara desgastada por el sol
y refléctame
                la luna
en las ventanas sin cortinas
en que espero,
                fumando,
a que vuelvas a subir corriendo
                para no saltar jamás.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Asurancetúrix cualquiera

Era un Asurancetúrix cualquiera
en una aldea cualquiera.

Aunque sí que procuré
que comprendieran mi arte,
no siempre
fui uno más.

Solitario, con mi arpa en el sobaco,
me hice una casa en un árbol
y allí aprendí a volar.

Poco después,
harto de tanto puntapié,
volé.

Soy un Asurancetúrix cualquiera
en Roma.
Hay muchos Asurancetúrix cualesquiera
venidos de todas las aldeas del mundo
en Roma.

Todos procuramos
que se comprenda nuestro arte,
aunque no siempre queremos
ser uno más.

Solitarios, con nuestro arpa en el sobaco,
nos hacemos, como podemos, casas
en los pocos árboles que quedan
y allí aprendemos a olvidar volar.

Poco después,
frustrados de tanto lastre,
caeremos.

Seremos unos Asurancetúrix cualesquiera
en cualquiera de las aldeas del mundo
y aunque procuremos lo contrario
la incomprensión será
lo que nos salve
de ser uno más.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La manivela del desastre

Gira la manivela del desastre.
Gira y genera
una hecatombe tras otra en las sombras.

Los gatos no bajan de las copas
y la ropa no sirve para ser otros.

Gira sola la manivela,
ya no hay quien pare la inercia.
Se desmorona el mundo material.
Las cicatrices serán lo que nos salve,
la pureza sólo es pura cuando sobrevive a mil batallas.
Se desmorona.
Ahora serán juzgados los delitos trascendentes,
serán absueltos los marginados.

Gira y gira y gira,
desencadenando luz,
la manivela del desastre.

Ya no sirven los disfraces.
Caen las torres, las estatuas de porcelana y las banderas.
Salen de los sótanos
las ratas infectadas de fe
a conquistar las azoteas.

No han quien lo pare. Gira y gira.

Se desmantela el tablero,
            los hoteles y las casas
                                   vuelven a la caja.
Miles de mentiras confesas
fusiladas en los ayuntamientos
y las pocas mentiras que consigan escapar a la montaña
morirán de inanición y pena
pues sólo la verdad
                        será perseguida. Gira, gira y gira
la manivela del desastre.

Se destrozan los esquemas,
es preciso quemarlo todo
                        para reforestar,
es preciso el caos,
reventar las membranas que nos oprimen
salir de la matriz,
respirar con dolor la realidad,
gritar y extirpar la oscuridad
y luego
sólo amar.

Girar la manivela que crea el desastre
            a través
de la belleza que desgasta los cánones hasta el núcleo,
la manivela que crea
            a través de la destrucción,
la manivela que cree.

Caerán las cúpulas y las túnicas,
caerán los herejes que comercian con espiritualidad,
caerán los blasfemos que se hacen llamar Dios,
caerán las coronas y las corbatas
porque gira
            en una aceleración constante,
                        al ritmo del latido de la tierra,
la manivela del desastre.

El arte clandestino y de intestinos
arrastrará a las masas y apartará las máscaras mediocres.

Está naciendo un mundo nuevo,
debemos salir de la matriz
para estar dentro.

Porque gira la manivela del desastre de lo establecido,
el desastre de los centros comerciales y las farmacéuticas,
la manivela desbrozadora de cerebros.

Hemos de construir el caos,
salir de la matriz
                        y dejar de hacer vibrar al odio,
girar con naturalidad la manivela
                        y dejar de hacer vibrar al miedo.

Está naciendo un mundo nuevo
y no tiene nada que ver con nada que conozcas
y tiene todo que ver con todo lo que sientes.
Todos están pulsando ya el reset
y cuando la última espiral de caos
                                   llegue al último rincón
mejor será ser luz.
Los caparazones sólo servirán para quedarse a la intemperie.

Está girando,
debemos salir para estar dentro,
abandonar lo viejo, quemar lo muerto,
salir de la matriz
y empezar lo nuevo y resucitar lo vivo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cabemos


Cabemos en un grano de luz.

Las vasijas de la mente
no albergan los recuerdos yermos,
            no albergan las derrotas.
Sabes, como yo, que no sabemos
                                   dónde vamos,
que vagamos por el desierto
                                   de la incertidumbre
con la felicidad de un farolillo,
que nos dejamos guiar por brújulas
                                               intangibles.

Cabemos en un jergón de paja,
en una cabina de teléfono,
cabemos en una micra de desprecio de ventanilla.

Venga, dime otra vez que me detestas
para poder vengarme y
mirarte con los ojos de clavar.

Cabemos en un saquito de electrones drogados.

Venga, atrévete a filtrar las interferencias
            y dejar de lado el ritual,
a cortar la cola o el cuello de la pescadilla.

Dime que no estás, que no estamos
en todos los huecos en los que no se cabe.