lunes, 2 de marzo de 2015

Los lunes

Los lunes son
para sembrar manzanas,
arriar el viento, levar el suelo.
Los lunes
desangran a las margaritas
y en los estancos hay de todo.
Las gatas suelen, los lunes,
ronronear más cerca de la cara,
la leche caliente es ocre.
Los lunes despellejan imaginación,
mutilan relojes y balones.
Los lunes no sucumben al martes,
ni al jueves, si no quieren.
Los lunes escampa el sueño
                al despertar,
la luna dice ser otra persona
y los lobos
aúllan a su propio reflejo en el arroyo.

Los lunes rascan la ventana
con el periódico impoluto en la boca,
las esquinas son más rectas
y las palabras son cauces sin agua.
Los lunes pesa menos la maleta
y más el recuerdo de mañana.
Las hormigas no distinguen los lunes
de una pipa de girasol
y una cuerda de peonza gime
al fondo de un cajón del escritorio.
Los lunes todo es más real
y menos auténtico,
los pijamas son disfraz,
la raya al medio silvestre.
El sol fabrica instantes, los envasa
y los arroja sin mirar
al contenedor orgánico.
Los lunes, los poetas escriben sin musa
y le gritan versos antagónicos
a su propio reflejo agónico y mudo
en el arroyo.

lunes, 16 de febrero de 2015

Más que arena

No soy más que arena
esparciendo mis granos por las ciudades.

Un gran desierto, nómada, que se expande
pero en mi centro
cada vez quedan menos granos.

Y cada vez que más grande, más pequeño.

Voy dejando mi huella en los caminos
donde otros dejarán la suya,
desertizando las avenidas y los callejones.

No soy más que arena.
No soy menos cuanto más pierdo.

Es el viento mi cómplice o quizá el primer
                                                           culpable,
porque no soy más que arena quieta
que se expande, y sueña con ser viento que,
quieto por estar en todas partes, mueva
los desiertos. Sueño con el sueño
porque en el sueño no soy yo, y sí lo soy.

En el sueño puedo ser más que arena,
sueño con ser más que eso, sueño con el sueño,
sueño con ser yo soñando con no serlo.

Desierto en movimiento que no avanza,
desierto quieto que sueña con ser viento.

jueves, 12 de febrero de 2015

Pequeño

Me siento pequeño
cuando me ven por dentro,
y me visto de gigante.

Me siento pequeño,
Indefenso, impotente, vulnerable,
en pelotas,
cuando me acusan,
sin jucio previo,
las ametralladoras de
las pupilas amigas
cargadas de balas de venganza.

Me siento un insecto
si me miran bajo los felpudos
me siento absurdo, gilipollas,
continuamente fustigado
por las pestañas
que son los látigos de los cobardes.
Pero el cobarde
aquí
soy yo
porque aún sabiéndome inocente,
finjo serlo,
no lo soy realmente
y alimento con mi carne
a las alimañas de la ficción
que ya es real.

domingo, 25 de enero de 2015

Deshacer el bordado

Es difícil deshacer el bordado de la piel.
Hilo a hilo
desdibujando las rosas,
los nombres, las hostias.
Hilo a hilo
tirando, sacando,
manchándolo todo de sangre.
Hilo a hilo
hasta que no quede nada.
Entonces se ve todo:
Heridas con forma de rosas,
de nombres, de hostias.

Es difícil soportar el dolor
y desinfectarlas.
Una a una
hasta que sólo queden cicatrices
con forma de rosas, de nombres,
de hostias,
cicatrices imborrables
que persisten pese a todo.

Es difícil deshacer lo deshecho,
olvidar
lo que nunca sucedió.

martes, 20 de enero de 2015

Así van

Los que pueden
compran el alma a cualquiera.
Los que no,
venden el alma a cualquiera
para poder después comprar
el alma de cualquiera.

Y así van las almas:
vagando de cuerpo en cuerpo,
amordazadas, amoratadas, acribilladas,
empapadas de fluidos corporales ajenos
                                   y de su propia sangre.
Así van.

Son pocos los que poseen muchas almas,
así como son muchos los que andan sin una:
los ves en las escaleras mecánicas,
tomando café en las terrazas,
durmiendo en los portales,
en la oficina.
Lo peor
es que ellos no lo saben:
cuando venden el alma,
olvidan que una vez tuvieron.

Lo peor
es que sus almas serán violadas
por aquellos que las compran:
desalmados vendedores.

Así van.

Hay también quienes la recuperan de vuelta
pero ya no es la misma.

Y hay
quienes nunca la perdieron
y la conservan en llamas azules:
hablan con ella,
            a través de sus ojos en el espejo,
y traman planes para no separarse jamás.
Pero siempre hay una oferta.
El cuerpo, sediento de pan,
pide a gritos ser liberado de ese alma,
ese alma que busca libertad y oprime al cuerpo.
Siempre hay una buena oferta
para deshacerse de esa voz de luz
que desestima los placeres de la miel.

Así van las almas y los cuerpos:
nada se corresponde con su hueco
y el vacío es suplantado por materia y tabaco,
y el agujero es cada vez más ancho y más profundo
y nada encaja dentro
y cada vez más vacío y cada vez más humo;
y aquellos que no firmaron el contrato,
aquellos pobres ángeles que no quisieron cambiar
esa esencia pura
por todo lo demás,
aquellos cuerpos,
a veces olvidan que tuvieron un cuerpo
y van vagando de hueco en hueco
por los vacíos de otros cuerpos
y acaban siendo ellos los amordazados,
los amoratados,
los acribillados,
desplazados de la vida pragmática,
hasta que sólo queda de ellos su alma intacta
hecha piel,
como la sábana blanca final que oculta el rostro
del cadáver de cualquiera:
allí van.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ahora saltas

Ahora saltas
desde la azotea de mis entrañas
y me cierras en canal.

Ninfa juguetona,
                indolente meiga seductora.

Lluéveme los cristales
                de tus desprecios.

Acaríciame las dunas
de la cara desgastada por el sol
y refléctame
                la luna
en las ventanas sin cortinas
en que espero,
                fumando,
a que vuelvas a subir corriendo
                para no saltar jamás.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Asurancetúrix cualquiera

Era un Asurancetúrix cualquiera
en una aldea cualquiera.

Aunque sí que procuré
que comprendieran mi arte,
no siempre
fui uno más.

Solitario, con mi arpa en el sobaco,
me hice una casa en un árbol
y allí aprendí a volar.

Poco después,
harto de tanto puntapié,
volé.

Soy un Asurancetúrix cualquiera
en Roma.
Hay muchos Asurancetúrix cualesquiera
venidos de todas las aldeas del mundo
en Roma.

Todos procuramos
que se comprenda nuestro arte,
aunque no siempre queremos
ser uno más.

Solitarios, con nuestro arpa en el sobaco,
nos hacemos, como podemos, casas
en los pocos árboles que quedan
y allí aprendemos a olvidar volar.

Poco después,
frustrados de tanto lastre,
caeremos.

Seremos unos Asurancetúrix cualesquiera
en cualquiera de las aldeas del mundo
y aunque procuremos lo contrario
la incomprensión será
lo que nos salve
de ser uno más.