viernes, 2 de marzo de 2018

Me aburro


Lo que pasa es que me aburro.

No es que quiera fumar,
no es que quiera salir de este local,
no es que quiera emborracharme,
lo que pasa es que me aburro.

No estoy donde debiera.

Escarbo en en fondo de tus ojos
y coloco imágenes explícitas
de nuestro sexo magnífico,
         futuro e idílico.
No es porque me gustes mucho,
no es que quiera follar contigo
ni mucho menos enamorarte,
es que me aburro como el trigo.

No es que quiera cruzar el océano,
la atmósfera y el horizonte de sucesos,
no es que necesite la aventura constante,
es que me encostro
         y me aburro como un ostro.

No es que quiera trascender,
no es que quiera ser el pábulo
         de la revolución auténtica
ni la punta del péndulo
en la búsqueda de la libertad última,
es que me aburro.
Me aburro como túnica, como el incienso.

Es el aburrimiento
el motor del movimiento,
es este aburrimiento existencial profundo
el que me saca de este sitio,
         hastiado de destino quieto,
mustio de dolor inútil,
y me lleva fuera hasta el vértice del mundo,
donde no hay alcohol ni sexo
ni locales insípidos, ni distracción llana,
sólo un poco de tabaco
         y diversión esdrújula,
                  amor enérgico
                          y humor agudo.

Lo que pasa
es que me aburro tanto
que siempre me ves contento.

No es el amor ni el dinero ni la envidia.
Es el aburrmiento
el que mueve la manivela de la vida.