viernes, 12 de abril de 2019

Todos mis fantasmas


Es en esta soledad en la que convoco,
uno a uno a todos mis fantasmas al escritorio.

Todos vienen con tu cara.

Me miran desde años luz,
         nariz con nariz,
me tienen asco,
sus mejillas rotas huyen de mí,
me tienen miedo.

Todos los fantasmas me rodean
y, con tu cara puesta,
me consuelan como desconocidos.

Mientras yo escribo.

Me acarician la espalda
         con mano de yeso,
me hablan de sus proyectos lejos.

Te robaron la cara mis fantasmas.

Se tumban en mi cama y lloran,
agonizan sin oxígeno entre gritos,
destrozados por mi culpa
y no tengo antídoto que los calme.

Les prestaste tu cara a los fantasmas
que sueñan con otros,
que echan de menos a uno,
que bailan el agua a cualquiera.

Todos con tu cara puesta.

Algunos vienen para despedirse,
pero siempre vuelven
para repetir la escena.
Y les suplico y me torturo.

Tú les regalaste la cara,
a todos les puse tu cara.

Todos me mienten,
todos ocultan detalles
y algunos atrocidades,
todos entienden que es lo más sano.
Y me desangro en esta soledad
en la que van abandonándome.

Mientras escribo.

No eres tú ninguno de mis fantasmas.

Pero todos visten tu ropa.
Todos huelen igual.
Todos hablan tu lengua.
Todos me matan igual.

martes, 9 de abril de 2019

Camicace solitario

“Escribo desde el ascua diminuta
que agoniza en las cenizas
del que fue un incendio inmenso”.
Suso Sudón.

Me cito a mí mismo
porque no necesito una manada.
Salgo a cazar lo que es mío
y comparto las sobras de luz.
Me basto y me sobra el eslogan de la revolución
aprobado en asamblea.

Estoy quemado
de tanta llamarada de palabras vacuas,
de tanto bombardeo informativo,
de las opiniones ciegas de hormigas necias
cargando migas para la reina.
Estoy quemado hasta la médula.

Tiene Dios temor de mí
porque empuño este boli de queroseno,
este mechero de palabras lleno.

¿Quién pudiera vomitar
sobre todas las banderas
y quemarlas luego?

Ya no me causa ni gracia
vuestra cerrazón cerril,
ni soy feliz con mi pequeño hueco de cielo.

Tengo que deforestar
todo el espacio-tiempo
inundado de basura publicitaria
si quiero correr libre con mis hijas.

¡Más madera!

Os advierto,
no hay antidisturbios suficientes,
ni servicio de inteligencia capaz
de parar la furia de mi luz angelical.

Ya no tengo nada que ganar
y todo por perder.

Este poeta kamikaze
no se alía con nadie.
Lobo solitario,
terrorista incendiario
de palabras eficaces como balas de diamante.

Nos quieren divididos en el fondo
y bien juntitos en apariencia.
Quieren individuos raquíticos atemorizados
pero batallamos unidos cada cual en su lugar.

En la hoguera de la soledad
nace el fuego de la rebelión.
Cada mano con su antorcha,
hacemos un infierno comunal.

A mí no me vendan paz de ayer,
dura como estatua heroica
o chiclosa como rendición.

Las palabras son armas de verdad.

El amor es volátil e inflamable
y lo voy dejando en las pupilas
que se posan en mis letras.
Un día rasparé las piedras
y volaremos todos por los aires,
anegando las ciudades
con entrañas y confeti.

A mí no me vendan violencia inútil,
no me vendan odio en conserva
ni verborrea fútil contra feas entelequias.

Yo ardo de amor en cada esquina
y expando la libertad en cada gesto.
Pienso en mí primero y sólo,
para poder amar y estar seguro
de la libertad del otro luego.

¡Más conciencias!

Dame amor dime tonto, idiota.
Estoy elaborando el nuevo mundo
con las cenizas de la necedad más vieja.
Si quieres nos unimos al final,
empuñando cada cual su fusil de luz,
en la primera línea de fuego.