lunes, 30 de mayo de 2016

Heces y hélices


Heces y hélices.
Heces y hélices,
heces y hélices.

Heces y hélices.
Necesito estacionar.
Heces y hélices.
Heces y hélices,
nueces deshaciéndose.
Heces y hélices,
heces y hélices
y
heces y hélices.

Heces y hélices,
lombrices brasileñas,
aliño sobre el leño,
olvido añil olivo,
uncir bien el vicio,
zurcir el orificio,
lanzar los anzuelos
y hélices y heces.
Heces y hélices,
heces y hélices
y hélices y heces
y hélices y heces
y heces y hélices.

Heces y hélices
y códices ceniza
y códigos antiguos
y lúgubres presagios
y gárgolas amargas
agarrando la garganta;
ráfagas tales suelta
que salpica hasta p’aquí.

Heces,
a veces meces
necedades dóciles;
dátiles nacen,
heces se hacen
y hélices.
Heces y hélices.
Hélices,
te deslizas feliz,
aceleras la cera,
celebras ser célibe
y hélices concibes
y heces.
Heces y hélices.

Heces y hélices.
Heces y hélices
y hélices y heces
y heces y heces
y hélices y hélices
y hélices y heces.
Hélices y heces,
heces y hélices.
Heces y hélices.

jueves, 19 de mayo de 2016

Poema sin principio


Una duda flotando en el vaso de café;
escribir, huir, deslizarse por el paso de la tarde.

Una escalera en la mochila,
la libertad deconstruída
                amarrada con una cadena al tobillo.

Un autobús urbano sin última parada,
una selva en el horizonte,
cinco balas en la recámara de un ramo de rosas.

El oportuno tosido de un niño mendigo,
una esquina sin alambre,
pulcrísimos jipis cantando en la playa,
                fumando relativamente poco.

El viento intermitente,
lo suficientemente fuerte
                como para joderte la siesta.

La venganza de los perros
obligados a asesinar a las liebres silvestres.

Un punto final en la mitad del camino.
y otros dos suspensivos
suspendidos en la rama más alta de la encrucijada.

Otra página potencialmente poetizada.

El abrazo de anoche
aún aullando en el cuello,
el barranco seco por donde debió
                                               bajar la catarata.

Una moneda extranjera preciosa sin precio.

La suavidad extrema de una espalda en espiral
                enredada en un pecho rectilíneo.

La proporción aurea de un beso inminente
                                               que no llega.

La experiencia contaminada de un jarrón cosido con oro,
una sonrisa con restos de sangre en la comisura.

Un poema sin principio.
Un poeta sin precipicio.
Una musa sin presencia.

viernes, 6 de mayo de 2016

Esta lluvia


Esta lluvia se parece a mí.

Como el musgo a la roca
es la libertad a la tristeza.
Sin sol.
Esta ciudad se parece
cada vez más a mí.

Soy yo el que se mueve.

Como el agua al cartón
es el amor a la soledad.
El amor a la soledad.
Todos esos coches veloces
sobre los charcos marrones
se parecen mucho a mí.

Como el vapor a la ventana
es el vacío a la esperanza.

Es la ciudad la que se mueve.

La ausencia de los pájaros
se parece demasiado a mí.

Como la nube al paisaje
es el paisaje a la nube.
Todo sube si desciende.
No soy yo el que huye.

Esta lluvia se moja si salgo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Tenemos tiempo


Tenemos tiempo.

Tenemos luciérnagas bajo la piel,
un farol en el pecho
                alumbrando el camino
tres lunas nuevas en la pena
y minutos guardados en el cajón
                para gastar en este instante.

No es tarde,
tenemos noches por delante
y mañanas de montaña por subir,
tenemos el cansancio propio
                del que arriesga la guerra
por encontrar un remanso
                de maremotos brutales
                               a la hora de la siesta.
No es tarde
y por eso estamos despertando antes.

Tenemos espacio,
no ocupamos más que todo el hueco
                que no le pertenece ni al viento,
nos expandimos sigilosos,
desocupando cada rincón que conquistamos.
Tenemos tiempo,
tenemos todas las promesas
                amordazadas en el sótano
y un eterno compromiso interno
                con el silencio nutritivo de los actos.

Tenemos tanto por lo que luchar
que hemos desmontado ya los rifles
para hacer esculturas de paz,
arrojado al barranco las balas
y tomado las armas
que la naturaleza nos prestó.

Tenemos horas, días y semanas
                por delante
y por eso hemos empezado ya
a desbrozar el prado del pasado,
estamos quemando los muebles,
desarraigándonos del barrio,
estamos desapegándonos de la placenta,
abriendo bien los ojos y las piernas
                para recibir el calor y la yaga del sol,
sin caparazón,
                nutriendo con dolor las alegrías.

Tenemos un sinfín de fotos que no hacer,
por eso no posamos sin querer cuando no toca.
Estamos aprendiendo a olvidar lo inútil,
recordando para aprender la esencia,
deseando prender la mecha
para deforestar el bosque de vacío material
y arrasar el almacén de estorbos decorativos.
               
Tenemos la necesidad de no necesitar
más de lo que ya tenemos,
nos hemos puesto a elaborar el ahora
para tener más luego.

Nos hemos deshecho ya de los disfraces,
no tenemos nombre ni registro
ni bandera ni reglas ni contratos
hemos desenraizado las ideologías
para plantar semillas de sencillez
y regarlas con la naturalidad
del agua de lluvia.

Tenemos tiempo de parar a descansar,
por eso no vamos a hacerlo todavía.

Tenemos todo el tiempo
así que comencemos ya.