lunes, 8 de abril de 2013

Lobo en celo


Como un lobo en celo
me lanzo a la ciudad bañada por la luna llena,
buscando carne,
buscando que un pedacito de pan
se desprenda de unos ojos anónimos.

Como un lobo anémico
me lanzo a la noche inundada por luces inertes
y en ese baile de inanimadas estrellas
me estrello contra unos ojos antónimos a los míos
y me zambullo en el río
que cruza de esquina a esquina
este bar de Malasaña
conectando mi cordillera con su océano.

Su soledad, mi hambre,
las copas a mitad de precio,
el calor, el dominó de nuestra conversación,
el roce, la humedad, la dureza,
los centímetros, los milímetros,
la colisión de nuestros electrones en el aire, …
y de pronto,
como quien abre un cajón en el trastero de una casa perdida en un pueblo fantasma,
recuerdo la tormenta de tus ojos
y escapo del bar,
y recorro la ciudad,
que ya es un desierto empapado de sol,
como un dócil perrito arrepentido,
con la luna entre las piernas.

1 comentario:

  1. supongo que hay colisiones inevitables que te estrellan contra la realidad, esa de la que escapas con tus letras.

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