viernes, 1 de febrero de 2019

La poesía está en el aire



Y tabalei, tabalei, tabaleila.

Sé que ahora puedo cantar esta melodía
pero mañana no la recordaré.

Todo es todo el rato una excusa
para no escribir.

Y qué fue de aquel fonema crónico
que sonaba en todos mis poemas.

Renuncio a la letra de musgo
anclada al papel de granito.

Finjo haber entendido los chistes
y me hurgo la nariz si nadie mira.

¡Oh sacrílego verso no perpetuado!
La poesía está en el aire.

De nada sirven vuestras máscaras soberbias,
vuestras excentricidades predecibles,
cuando os imagino masturbándoos
en vuestros escritorios desnudos.

¡Oh poetas antiguos y modernos sabios!
La poesía está en el aire.

Todos esos hipotéticos ojos
ya me están juzgando con fuego.

¿Es que ya no puedo preguntar?

Déjate llevar a cualquier lado
y deja que el aire se lleve la tierra
y deje sólo las palabras.

Mañana ya no estarán estas hadas
para dictar este ahora tan nunca
en el que floto.

Silban agudas las campanas frotadas
por nalgas anchas y caras largas.

Váyanse a la nada una mañana de lunes
sin avisar a nadie
a pasear con calma la rabia en el papel
o en la pista de baile.

Váyanse a la mierda a merendar
los jueces homologados de la revolución
y vuelvan ya mañana.

Ya no recuerdo la canción
que tarareé al principio
y todavía no es mañana.

Y tabalei, tabalei, tabaleila.

No puedo cantarla
pero para siempre será literatura.

Sin embargo,
lo más importante,
la melodía,
quedará en el aire,
olvidada,
junto a la poesía.

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