martes, 2 de julio de 2019

Pipas


Mira cómo pasa de nosotros la vida
mientras come pipas
y se va suave por los desagües de la tarde.

Entretanto imagino una insurrección,
un cambio de rumbo radical del bote
pero sopla leve el levante
y duermen las anémonas debajo.

Qué aburrido es hacer siempre
algo distinto
para conseguir lo mismo.

Y llueve cobre sobre el pasto,
las manzanas no alcanzan la edad adulta,
se diluye la idea del edén
y colapsan los refugios de guerra.

Al menos hay wifi y caca rica.

Qué más dará un mes más que menos
de indiferencia ante la desigualdad,
ante la interferencia de la moneda
en nuestro radar de prioridades,
ante la batalla y la derrota incesante
de nuestros ancestros.

Faltan cuatro horas para la noche
y tenemos pipas para compartir.
Durante los minutos del crepúsculo
mezclaremos vodca, ska y máscaras tribales
para recordar el canto de los Mallas
y las palabras de Confucio.

Aquí nunca pasó nada.
Ni la vida ni la revolución ni el tren.
Tenemos receptores cannabinoides
por algo.

Cerremos algún verso.
Abramos un club de pusilánimes
y juguemos al mus pasando todos.
Recemos algún verso
y esperemos el milagro.

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