miércoles, 1 de mayo de 2013

Te debo un lunar


Y de pronto
sales de la nada
y recuerdo que te debo un lunar.
               
Me hace viejo sentir que perdí el tiempo.

En aquel momento
tú eras luz
y rubor en las pupilas,
eras vitaminas
y especias morunas.
Yo,
en cambio,
me debatía,
                con medio cuerpo dentro del agua,
entre tu sonrisa
y mis estanques.

Tu conversación de incienso
y anarquía,
arte subversivo,
té y revolución inminente.
Y mi mirada perdida
                en el laberinto de tus aventuras.
Pude pisar descalzo
                unos minutos
los escombros de tu pasado
y rellenar los huecos que
                al fin y al cabo
dejaste para mí.

Y de pronto sales de la nada
y recuerdo que te robé una peca
para eclipsar la luna
que el pecado me tatuó en la espalda
y nunca te la devolví.
Como un lienzo debajo de un colchón,
un poemario envasado al vacío,
me llevé tu peca y mi lunar,
                maté de un tiro en la sien
                               a las sirenas que se manifestaban en mi pecho
y escapé de la ciudad
a medianoche.

Ahora,
de pronto,
como un proscrito arrepentido
escribo que me hubiera fugado contigo.

Ahora que sales de la nada
y recuerdo tu bohardilla
como el refugio ucrónico
en que conocí a la libertad desnuda.

Ahora que observo mi lunar,
sabiendo que no me pertenece,
que recuerdo tu aroma
como si naciera de mi paladar.

Ahora,
que desde la distancia
                es sencillo y cobarde,
escribo que me equivoqué
y que juntos
hubiéramos sido capaces de hacernos la fotosíntesis en cualquier sótano,
bucear bajo los escombros
y secar,
                de un solo golpe de luz,
todos los estanques en que floto boca abajo.

Ya ves:
Me hace joven pensar que estás detrás del tiempo.

Ahora
que estoy seguro
de que jamás escucharás
estas palabras.

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