viernes, 27 de marzo de 2020

Dame

Harto de odiar,
de este yugo colgado de esta cara
larga,
hasta los pómulos
de estar hasta las cejas
de mierda bien elaborada,
del exquisito regodeo del paladar
en el excremento del miedo,
dulce miedo lelo y gris
que mece esta crisálida,
este quieto ovillo de piel
al borde de la enorme cama.


Basta ya de carroña,
dame palabras de cimiento,
me alimento del cadáver de la pena,
me agarro el hueco del ombligo
y rezo a diosas a mi alcance.


Dame velos de seda
para el destello negro
que me sale del centro,
velas, un poco de hash
y tiempo muerto
para resucitar el huerto
que aboné de abandono
hace dos veranos,
dame rima parasimpática.


Basta de lástima helada
con nueces de Macadamia,
le doy asco al caos.


Dame pradera, botellón,
dame relámpagos y crín,
quiero la nata en la punta,
la ráfaga de pétalos púrpura
en la cara abrupta de Dios.


Cansado de la ruina,
dibujo diagonales y pilares,
dame cemento mineralizado,
impactos, frenesí caliente
en la boca abierta.


Toma.


Dame silencio rico
y quítame del tímpano
el zumbido de futuros aguijonados.


Toma.
Te toca.

martes, 10 de marzo de 2020

Pampa

Un escalofrío me trae tu aroma a la nuca,
se dibuja esa sonrisa que sostienes
y se difumina el frío de esta desierta pampa.
Hablo con los lobos a lo lejos
y les propongo que aullen por mí:
no te llegará el canto
pero la luna será un tanto más roja.

Elevo mis pies recordando el futuro,
el inminente lugar en que estaremos,
y recito a la inversa los poemas no escritos.

¿Cuánto dura el ahora sin nosotros?

He visto germinar al mar en árida piel
y mutar mis versos a otro estilo.
Es tu voz el ojo de la aguja
donde enhebro los minutos muertos.
Ya no estamos sin mí nunca ni sin ti.

Dame una ráfaga de horas rápidas
debajo de las sábanas más ásperas
y genero un puñado de universos
para perdernos hasta encontrarnos.

Ya me arrastro hacia tu olor sin casa,
ya soy una de las miles de larvas del amor universal;
me salgo del verso
y me quedo corto al hablar de más.

domingo, 19 de enero de 2020

Domadores


 “Las palabras no me van a devorar
como un león a un domador”.
Andrés Sudón.

Al final, las palabras
  que te devorarán si no las domas.

Son un ecosistema dentro,
se retroalimentan entre ellas,
copulan con los verbos
y conciben oraciones que rebotan
en los templos internos eternamente y,
si no caben más,
se pega su eco a los cimientos
y acaban por romper el cielo raso,
el techo y el cielo luego.

Las palabras cazan en manada
domadores únicos rebeldes
que abandonan sus látigos de tinta
en el estante de los grandes clásicos.

Qué más da la melodía,
qué más da la literatura,
qué más da, en todos sus sentidos,
el acto de dar más de sí.

Me da igual el regocijo,
me dan igual los conceptos concretos,
las monedas y los taxis,
me da igual la cantidad de ojos
            depositada en estos versos ya.

Las palabras depredadoras
salen a comerte un martes
mientras alimentas a un pez
            obeso y luminoso
                       con tus minutos muertos.
Te rodean entre doce
formando dos versos mediocres
con posibilidades reales.
Y tú, con el cadáver del próximo minuto
            colgando de los labios,
no alcanzas a lanzar el látigo
y te mastican las entrañas crudas.

Es por eso que todo.

Nos da igual
            el programa de la lavadora,
nos da igual el éxito
            en el sentido de salir,
somos domadores de palabras,
coreógrafos de estrofas,
cómo no se nos iban a secar los rostros.

Al final sí que nos devorarán.

Estrenaré un cuaderno tras otro
hasta no dejar hueco para el látigo
            ni para los clásicos,
sólo miles de volúmenes
del soliloquio de este chalado
            elegante y chabacano
hasta que se acaben los ecos
y saque de mis tímpanos
            a las fieras ávidas
                       de ser vida en celulosa.

Al final sí que me devorarán las palabras
si no las domo.

Me fagocitan la calma,
me engullen el brillo,
digieren lentamente mi ligereza
y la gravedad se agrava.
Sí,
la naturaleza lo es todo,
menos aquello que no es nada.
La naturaleza es sí.
Ésta no puede no tener forma,
peso, altura, astralidad o nombre.

Toma nuestra libertad universal
y dámela.
Lame lento cada verso
sin motivo aparente ni importancia.

Nos deleitaremos
en cada voltereta de león
de las palabras mansas
mientras muere de inanición
el pez repleto de notificaciones.

Dejaré de lado el no y la nada
y dormiré al sueño del todo
para despertar porque sí
el sentido de la vida.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Tan pequeños


Somos tan pequeños.

Tenemos al oráculo estudiando oposiciones,
tenemos ramas muertas en algún cajón,
vicios inefables, tablas rasas o piedras rosas
para descifrar la evidente entropía gris,
para siniestrar la percepción natural en un muro.

Grafiteros de nuestras entrañas, algunos,
escapamos esculpiendo en el lienzo que podemos
el enredo del vacío y su simpleza,
y los que no pueden oyen y recuerdan,
o leen y bailan o se estrujan la glándula pineal,
y tiene sentido el dolor a hierro milenario.

Somos tan pequeños que no soportamos,
con toda su literalidad, el peso del mundo
y vamos doblados al cine y a cenar sin amor,
y vamos doblegados al sexo por el exceso de datos,
somos tan pequeños que nos sobra espacio,
que nos sirve saber que potencialmente podemos.

Tan pequeños.

Imponentes faros barrocos apagados en la noche,
somos impávidos espectadores de peleas de gallos,
apostamos, perdemos y nos vamos y volvemos,
somos águilas en cuevas con simuladores de vuelo,
no tenemos hipérbole que no hayamos superado ya.

Automoldeados a imagen de un dios moribundo,
tirano, ácido cómico incómodo, desubicado dios,
cansado, dios repipi y caprichoso, niño malo dios,
arrugado y maloliente, mentiroso compulsivo,
a imagen de un dios que dibuja y subraya fronteras,
un dios que destruye luz, estamos automoldeados.

Tan pequeños somos que nos quedamos solos,
ascuas desperdigadas fuera de la hoguera de la plaza,
tan pequeños que bajamos el volumen de la rebeldía,
nos quedamos solos y nos quejamos poco por decoro,
somos tan pequeños que hasta los que lo canalizamos
nos quedamos solos ornamentando la revolución.

Tan pequeños somos.

sábado, 26 de octubre de 2019

Libertad natural


No es natural
censurar la naturalidad
en la naturaleza.


No es verdad,
mi libertad no termina
donde empieza la de los demás.
Mi libertad no termina.
Mi libertad os hace libres.

No es verdad.
Tu libertad no termina
donde empieza la mía.
Tu libertad no termina.
Tu libertad me hace más libre.
La libertad nos hace libres.


Desanudemos los principios
y trencemos nuevas cuerdas
para trepar los muros morales.

Desnudémonos como si nunca nos hubiésemos vestido,
como sin sentido
para sentirnos como al inicio.

Dejemos a la piel expuesta a la herida,
ávida de viento, lluvia, tierra y fuego,
expuesta al dolor y a la vida.

Cortemos todos los cables
a ver si salta la bomba
y se nos salen de la mente
los estorbos sociales.

No por provocar,
ni por revolucionar siquiera,
practiquemos la libertad extrema
por el bien de la naturaleza.


No es natural
que lo normal sea ocultar
y lo natural, ofensa.

En la naturaleza,
no puede tener límites
nuestra libertad.

Mi libertad empieza
donde empieza la de los demás.