La voluntad no tiene forma,
la voluntad no tiene peso.
La voluntad puede ser un yunque
o puede ser un drón,
puede ser lila, ser astro,
puede ser un cúmulo de lágrima en el pecho,
ceniza, lápiz, árbol, caracola
y puede ser también arroyo rápido,
pez espada, zumo de mango.
La voluntad es moldeada por ti.
Puede ser lo que tu quieras.
La voluntad puedes ser también tú mismo
tirando de ti,
puede que seas tú la voluntad
y que tú ya no seas tú.
martes, 12 de enero de 2016
La voluntad
domingo, 27 de diciembre de 2015
Bagaje
“Lo
importante de una cita
es
la cita en sí misma,
no
que un autor haya leído al otro”.
Suso
Sudón.
Estoy solo ante el folio
sintiéndome pequeño.
¿Quién soy yo
en comparación conmigo?
El vagón está abarrotado de vagabundos
que seguro han leído a Bécquer.
Yo me siento pequeño
ante la imagen que tengo de mí.
¿Soy aquel pájaro
que tejía alas a las ratas?
Las escaleras mecánicas
no son un buen lugar para escribir.
Aquí hay grillos
que no han oído hablar de Lorca
y señoras que me miran
desde su niñez.
¿Quién soy yo
para escribir mientras camino?
En el último pasillo del metro
un señor precioso
me suplica con los ojos
un gramo de luz.
Dejo caer la aguja de ganchillo
y lo esquivo.
¿Quién es él para sentirse
más necesitado que yo?
Cruzo en rojo
sin dejar escapar las palabras
y miro ya después.
Mi casa está cerca.
En la parada fuman tres mujeres
cerca del cartel que muestra a la mujer
que soñaron ser.
¿Quiénes son ellas
para no ser ellas?
Ya en el ascensor
le doy la espalda al espejo
para verme en el cuaderno.
Este noveno es lejanísimo.
Tengo que sacar las llaves.
Esta casa no es mi hogar
pero el calor es próximo.
Hay un Nobel de literatura
que no sabe quién soy yo.
¿Quién soy yo
para mencionar su nombre?
Mi habitación es un desastre
en comparación con el poema.
Si me quito el abrigo lo dejo.
¿Quién soy yo
para llevarme la contraria?
En el suelo hay escamas
de pieles preciosas
y pelo del monstruo
que me cuida.
Ellas leyeron autores que detesto
pero me dieron su aprobación
y un iceberg de amor.
¿Quién soy yo
para banalizar su fuego?
Estoy solo antes tres páginas y media
de mierda y sangre interlineal
y me siento más gigante que yo.
¿Quién es José Hierro?
Este calor uterino
no puede ser sano.
Si me quito el ego lo dejo.
¿Quién es mi lector sin mí?
En este cuaderno hay un poeta
que no quiere ser yo
y sólo me ha leído a mí.
Alimento mi bagaje
con cada verso que escribo
y cuanto más pequeño me siento
menos calor
necesito.
Me quito el abrigo y el ego
y lo dejo.
domingo, 6 de diciembre de 2015
No veo la luna
Tengo escamas de horas bajo las uñas,
me consumo despacio ante el teclado
y dispongo mi sombra.
No veo la luna
y esto dificulta la escucha
pero percibo lejanos cantos alto y claro.
Tengo segundos bajo las uñas.
Tengo tallos en los dedos que buscan alimento,
meto el tiempo en un tiesto y este en el trastero,
desenrollo mi sombra.
No veo la luna
y esto dificulta la escucha
pero percibo lejanos cantos que se mezclan
con el tictaqueo procedente del trastero.
Mato al tiempo de un tiro en la nuca.
lunes, 30 de noviembre de 2015
Cartografía interior
Es
inútil tratar de hablar conmigo mismo
y
escuchar lo que me digo al mismo tiempo.
Escuchad lo que le digo al mismo
tiempo:
Tengo tu existencia conectada a
mi latido
por si pretendes escapar.
Es
inútil hablar de tratar conmigo mismo
y
decirme lo mismo que escucho al tiempo.
Escucho al tiempo decir lo mismo:
Tengo tu latido conectado a mi
existencia
por si pretendo escapar.
Hablar
de lo inútil de tratar conmigo mismo
y
escucharme al tiempo decir lo mismo.
Escuchad al tiempo decir lo
mismo:
Mi existencia pretende escapar
por si conectas tu latido.
Hablar
conmigo mismo de tratar lo inútil
y
decirme al mismo tiempo lo que escucho.
Escucho que le digo lo mismo al
tiempo:
Mi existencia pretende conectar
por si escapa tu latido.
martes, 24 de noviembre de 2015
Sólo somos humo
Los
poemas sólo son humo.
Puedo
prometer praderas profundas,
parajes
ignotos para perdernos,
eternidad
donde tendernos.
Tus
estambres piden polen.
Tú eres
idílica musa
con la
menstruación impoluta de la luna
y las
hojas de parra en la nuca.
Yo soy
sombra iridiscente
que
ocupa tus rincones
con la seda entre los dientes.
Soy
paciente francotirador del verbo
que certero
se posa en tu vientre y lo atraviesa.
Soy
arquitecto constante del beso
que
estructura tu lóbulo izquierdo y lo yergue.
En el
texto ambos habitamos armonía,
no
evitamos levitar en los encabalgamientos,
estamos en contexto,
buceando
en los cimientos de la estrofa sin escafandra.
Por
esto
en la
realidad tangible
sólo
somos sólidos si nos olemos,
si
hacemos óleo de fluidos
en el lienzo de la sábana.
Sólo
somos auténticos en el artilugio,
articulamos
palabras sólo con mordaza,
aderezamos
con sal artesanal nuestra liturgia,
nuestro
amor es artefacto.
Sólo
somos humo en la presencia.
En el
poema eres perfecta meretriz,
astuta
vendedora de fósforos imperecederos
que no
quiere mi dinero
si no la fricción etérea
de mi
bolígrafo enfermo de forma.
Yo te
ofrezco el fondo insondable
de un
ahora sin disfraz eterno,
el
inefable verso inmenso sin cesura ni prosa ni pausa ni mesura,
el
efímero contacto sin contrato
de dos
cuerpos desmembrados
que fluctúen en la superficie
pálida del mediodía
mientras
juegan a ser puzle.
Pero tú
ya tienes tu orgasmo de rimas,
el
cigarro de después a medias
y las
medias en su sitio.
Mi amor
no se consuma
por
consumir el humo del poema
y
termino por animar la imagen en mi mente
de mi
ráfaga de futuros inminentes en tu cara.
Y la
belleza se apaga
y ya no
puedo ni prometer en vano.
Sólo
somos uno si fumamos juntos
de la
sólida humareda de la soledad.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Me molestan las palabras
Me
molestan las palabras.
Quisiera
no tener que llegar a las palabras
para
desplazar la rabia,
quisiera
no tener que ametrallar un folio
para
desembalsamar las dudas.
Me
molesta tener que explicar lo evidente
en
una discusión,
tener
que tratar de hacer comprender
a
un ser que se esconde detrás de un fardo de ego,
que
lo que hay en mis ojos es exactamente lo que ve.
No
tengo tanto tiempo.
Es
más sencillo.
Las
palabras no sirven.
Me
molesta el hórror vacui de palabras
—oídas,
leídas, serigrafiadas en el alma—
como
si en ellas residiera la sabiduría auténtica,
me
molesta la palabra palabra.
Me
molestan para amar, reír, flotar, estornudar, correrme, bostezar, llorar,
ladrar, gemir, gritar, mirar, oír, oler, tocar, meditar
-sin
embargo son muy útiles para pensar-,
me
molestan para disfrutar del arte, volar, drogarme, despertarme, desperezarme,
abrazar, vibrar, beber, liberar, jugar, besar, expresar
—es
más complejo.
La
poesía sirve.
Es
más sencillo—.
Las
palabras no sirven. Me agobian.
Mientras
intento avanzar en mi jungla interior
miles
de palabras externas se inmolan en mis parietales,
mensajes,
recuerdos, citas, memes, paquetes de conducta
me
acuchillan en todos los callejones y me hurtan luz.
Las
palabras sólo sirven para denunciar
que
las palabras no sirven.
La
poesía es lo contrario de sí misma.
Es
más complejo. Es más sencillo.
Sólo
la poesía consigue que las palabras
sirvan
para lo que no sirven las palabras.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Valiente
Valiente
es aquel que siente miedo.
Valiente
es quien enarbola
la
verdad más dolorosa
hasta la cumbre final
y
la diluye con el viento,
el
de los ojos ardientes de libertad
que
deforesta de cadenas
las miradas que atraviesa,
es
aquel
capaz
de reutilizar las lágrimas,
reciclar la rabia
y
retomar el mando de la nave.
Valiente
es
quien planta enredaderas
a los pies del grueso muro,
riega,
observa, espera y trepa
sólo
cuando la hora llega.
No se puede no ser valiente
Es
valiente
quien
se autorretrata sin retoque
para poder sanar las taras,
quien
cabalga contra la estampida
de
conformismo y parches,
de
no conflicto y yugos,
de
pusilánimes búfalos embistiendo
a la pureza que no saben alcanzar.
Sólo hay dos opciones.
Ser
valiente es simplemente
ser fiel a uno mismo
a
pesar de los pesares de quien sea,
atreverse
a soltar lastres
que no te pertenezcan.
Ser
valiente es movimiento,
acción
activa, voluntad, anhelo,
ilusión,
principios, horizonte, medios,
velas,
remos en las manos, viento.
No se puede ser valiente
si no se tiene nada que perder.
Valiente
es quien todo lo pierde,
se
agarra a sus propias asas,
aprende
que nada tiene
y todo lo gana.
No
se puede no ser valiente
si
tienes un antes, un después
y
sobre todo un durante,
si
estás sencillamente vivo.
No se puede no ser valiente:
sólo hay dos opciones.
Valiente
es aquel que siente miedo,
no
se paraliza y lo utiliza
como
combustible del valor.
Valiente
es aquel que siente miedo.
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